Poniendo a Dios en primer lugar

El evento de las ofrendas de Caín y Abel es el primero que la Biblia registra después de la caída de Adán y Eva. El hecho de que el Espíritu de Dios revele esto después de la caída, seguramente nos muestra algo acerca de la gran importancia que el Señor da a las ofrendas que le damos. 

Hebreos 11:4 nos dice: "Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella". Sabemos que la fe viene por oír la palabra de Dios, y Abel, precisamente, buscó al Señor para que le diera entendimiento sobre qué y cómo ofrendar conforme al patrón divino, por lo que su ofrenda luego fue aceptada por Dios. Esta ofrenda comprendía principalmente los primeros frutos y desafortunadamente, algunas personas dan a Dios lo que les sobra en su presupuesto después de gastar primero en todo lo que ellos requieren.

Sin embargo, debemos saber que Dios demanda que primero le demos a Él y después usemos para nosotros mismos lo que nos queda de nuestro dinero. Él ordena: "No comeréis pan, ni grano tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios; estatuto perpetuo es por vuestras edades en dondequiera que habitéis" (Levítico 23:14). Este estatuto divino permanece para siempre. 

Adicionalmente, el apóstol Pablo declara que Abraham es el padre de nuestra fe, y que debiéramos caminar en sus pasos (Romanos 4:1, 12, 16), y Abraham, no solo le dio los diezmos a Melquisedec, sino también le entregó a Dios lo más importante que tenía: estuvo dispuesto a ofrecer a su propio hijo sobre el altar.

A pesar de esto, muchos rechazan esta verdad. Algunos, argumentan que los diezmos son parte de la Ley de Moisés, y que ya no se aplican a los cristianos del Nuevo Testamento, sin embargo, Jesús dijo que debemos diezmar (Mateo 23:23; Lucas 11:42). Así mismo, en Hebreos 7 nos dice que el sacerdocio del Nuevo Testamento está vinculado al sacerdocio de Melquisedec (revelado 400 años antes de que fuera dada la Ley de Moisés), cuyas únicas funciones que se ven son: dar pan  vino; y recibir los diezmos. Por tanto, si deseamos ser un sacerdote del Nuevo Testamento, debemos involucrarnos en este intercambio. En otras, palabras,  las ofrendas son tan extremadamente importantes hoy en día, como lo fueron en las vidas de Caín y Abel miles de años antes de la Ley.

Otros, por su parte, sostienen que no debemos dar a Dios para recibir de Él; pero, en el contexto de las ofrendas, Pablo explica en 2 Corintios 9:6 que: “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. En lo natural, sería absurdo decir a un granjero que no debe plantar para poder cosechar. Al contrario, mientras más necesite un granjero, ¡más debe sembrar! Esto, para el pensamiento humano parece locura, pero en el Reino de Dios es la clave para las bendiciones financieras.

Ahora bien, ¿dónde sembrar? Si un granjero planta su semilla en un campo estéril, no podrá esperar una buena cosecha. La misma verdad es aplicable a nuestras ofrendas: si ofrendamos a una obra que no ha sido ordenada por Dios, no podremos esperar una cosecha. Por esto, si usted considera que Ministerios Hebrón es una obra que Dios ha levantado, y que es un campo fructífero, y desea plantar algunas semillas en ese campo, estamos poniendo a su disposición este sitio como un medio para que pueda hacerlo. 

Recuerde,  Dios no necesita nuestro dinero!  Por el contrario, nosotros tenemos la necesidad de darlo, y Él ama al dador alegre (2 Corintios 9:7).